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LA LABOR DEL PSICÓLOGO

Hasta hace algunos años, la Psicología y la labor del psicólogo eran grandes desconocidos en gran parte de nuestra sociedad. Afortunadamente, actualmente ya no es algo tan raro el uso de sus servicios. No obstante lo anterior, hay una serie de ideas bastante extendidas como las que siguen:

"Si una persona va al psicólogo es porque ha perdido la cabeza, o porque se ha rendido ante sus problemas, es débil y digno de compasión".

Ideas, en definitiva, no demasiado positivas que producen un estigma social percibido.

¿QUÉ PENSARÍAN DE MI SI SUPIERAN QUE VOY AL PSICÓLOGO?

Este tipo de pensamiento es fruto de una percepción inadecuada de la función del psicólogo, y de cómo y con qué tipo de personas trabaja.

A continuación expongo una serie de claves para tomar conciencia de si debería visitar a un psicólogo:

Si existe un malestar persistente y que influye en uno o en varios de sus ámbitos de la vida (familia, trabajo, ocio, pareja...) en los que usted ha evitado hacer frente o bien lo ha intentado sin conseguir los resultados deseados. Específicamente:

Tristeza, depresión, desánimo, frecuentes ganas de llorar, desesperanza, desinterés por actividades que antes le eran muy placenteras, sentirse menospreciado, sentir que uno no es bueno en nada de lo que hace, discusiones con sus seres queridos, incomprensión...

Si realiza conductas no deseadas o tiene pensamientos que interfieren en su vida cotidiana y no sabe por qué se han instaurado en su repertorio, y desearía eliminarlos. Más concretamente:

Problemas de irritabilidad, sensación de que se aproxima un desastre y no poder hacer nada por evitarlo, problemas de apetito o de sueño, miedos (a perder el control, a morir, a "volverse loco"), falta de control o abuso de sustancias alteradoras de la conciencia, escuchar conversaciones o voces que nadie más puede oír, no poderse quitar de la cabeza una situación o un sentimiento, tener ideas extrañas que interfieren en su pensamiento o comportamiento...

Si siente que sus cualidades emocionales, intelectuales o sensuales han perdido intensidad y no encuentra un motivo aparente para ello; más específicamente:

Falta de concentración, de memoria, de agilidad mental, no sentir como "auténticas" ciertas situaciones en las que se emocionaba con facilidad, retraimiento social, inseguridad, dificultad para tomar decisiones, incapacidad para rechazar peticiones, hastío en general...

Desafortunadamente, debido a los motivos citados anteriormente, muchas personas que acuden al psicólogo en busca de ayuda, lo hacen cuando el problema se ha generalizado tanto que la terapia es mucho más complicada que si se hubiera iniciado antes. Esto es debido a que la mayoría de los trastornos se instauran en nuestra persona, estigmatizándonos y, además, carecemos de las estrategias, habilidades, y recursos personales y sociales para poder hacerles frente.